Podcasts encadenados: lobos, Iñigo Montoya y campanas



Ya he comentado que a mí la Inteligencia Artificial me aburre, me interesa poquísimo. Hace varios años ya, mi amigo Juan empezó a hablarme de no sé qué aplicación que te hacía dibujos al estilo del pintor que quisieras y blablablabla. Le hice caso un rato, miré los resultados y seguí leyendo. No me interesa.
En el mundo del audio la IA está en todas partes. Que si van a conseguir acabar con las voces humanas, que si voces clonadas, que si traducciones simultáneas, etc. En realidad los resultados de todas estas cosas son regularcillos, cuando no claramente decepcionantes. Si eres un oyente normal, como hay que ser, y no una friki como yo, no te habrás enterado de que, hace aproximadamente un mes, una nueva compañía llamada Inception Point AI lanzó 3000 episodios en una semana, todos producidos con un coste inferior a un dólar. La noticia salió, hubo mucho revuelo y luego, para sorpresa de nadie o, por lo menos, no para mi sorpresa, resulta que los resultados son una mierda.
Entiendo que la IA pueda servir en el futuro para alguna cosa, hacer algún proceso de producción más sencillo, abaratar las transcripciones que ahora mismo siempre tienen que ser revisadas por un humano y cosas así. Ahora bien, ¿contar historias de manera íntima de manera que te enganchen tanto como un humano susurrándote al oído? Creo que para eso queda muchísimo muchísimo tiempo.
Howl, los lobos y nosotros
This young aspen forest here is all really recent, and I would say, I think, really cool. And, you know, I just did the thing. You’re not supposed to put a value judgment on nature. Nature just is. But with the return of carnivores to this ecosystem, wolves, cougars, increase in bears. They’ve all kind of come back. You got this, which you didn’t have before. And this means life to other things.
A veces me pasa que una frase escuchada en un podcast me golpea de tal manera que, al momento, la apunto y, además, se queda en mi cabeza para siempre asociada al lugar en el que estaba cuando la escuché. Esta frase, «No se debe juzgar el valor de la naturaleza. La naturaleza simplemente es», es una de esas. La dice Doug Smith, este señor tan estupendo, en Howl, un podcast de la radio pública de Boise, en Idaho, sobre lobos.
En 1930 desaparecieron los últimos dos ejemplares de lobo americano. Sesenta años después se decidió reintroducir el lobo en Yellowstone, que abarca territorios en Wyoming, Montana y Idaho, y entre finales de 1994 y principios de 1997 se liberaron en esa zona más de treinta ejemplares de esa especie. Esta medida, por supuesto, tuvo sus apoyos (conservacionistas y la población nativo americana) y sus detractores (los granjeros y rancheros de la zona), que temían que la presencia de los lobos perjudicara a sus rebaños y sus cultivos. Heath Druzin es el guionista y narrador de la serie y, junto con el reportero Clark Corbin, durante cinco episodios recorre el parque, las zonas de lobos, habla con unos y con otros intentando mostrar un retrato de lo que ocurre en una de las zonas más salvajes de Estados Unidos.
La música, los testimonios, la cuidada y muy medida narración de Druzin contribuyen, en primer lugar, a que el oyente contemple los paisajes, vea a los cowboys, escuche el viento, las pisadas, los aullidos… y al mismo tiempo casi imagine que está dentro de una película del oeste. En este sentido me recordaba mucho a las sensaciones en la segunda temporada de The Retrievals, aunque aquí esa narración no esté orientada como un guión de televisión. En segundo lugar, todo contribuye a que el mensaje esté bastante equilibrado aunque, seamos sinceros, Druzin está claramente a favor de los lobos. Y esto me lleva a otra reflexión: ¿Por qué los lobos nos atraen y, al mismo tiempo, generan odios ancestrales? Tras escuchar Howl entré en la web al ver las fotos y los vídeos y no sé si es cultural (El Libro de la selva, Bailando con lobos) o el desconocimiento (¿qué se yo de lobos?), pero creo que me inclino por estar a favor. Y esto me lleva otra vez a la frase de Doug Smith. No sé si es la edad, la reflexión o el estar viendo el mundo arder en todos los sentidos lo que me hace pensar que no tenemos, como especie, ningún derecho a juzgar a la Naturaleza. Ni derecho ni criterio, ni siquiera poder para hacerlo. Una vez tras otra, la Naturaleza, así con mayúsculas, nos da pruebas y ejemplos de nuestra insignificancia. Creo que empecé a sentirme así cuando viajé al estado de Washington y conduciendo por sus carreteras que fueron hechas por el hombre blanco a partir de 1820 (es decir, antes de ayer) tuve una sensación apabullante de insignificancia y de asombro. Los gigantescos árboles que nos rodeaban iban a seguir ahí cuando yo desapareciera y cuando lo hicieran mis hijas, y si no eran esos árboles serían otros u otras montañas, lo que la Naturaleza quisiera. Podemos, como hemos hecho con otras especies, aniquilar a los lobos, pero ¿y qué? ¿Qué conseguiremos con eso? Nada, simplemente mostrar una vez más lo absurdos que somos.
Apunté otra frase de este podcast, una que dice Laurie Lyman, maestra que hace años dejó la enseñanza para dedicarse a la observación de los lobos y que publica Yellowstone reports contando los avistamientos diarios de lobos:
You know, it’s very similar to teaching because watching wolves is like watching a playground. You know, you have ones that are still in the sandbox. Then you have, you know, the yearlings that are playing soccer, and then you have the junior high kids that are sitting at the lunch tables talking. And so I first noted that. And then it’s their society. So by watching them all the time you could see these traits, not only physical traits, but character traits that are passed, you know, from one generation to the other, and that it just fascinated me.
«Sabes, es muy parecido a enseñar, porque observar a los lobos es como observar un patio de recreo. Hay algunos que todavía están en el arenero. Luego están los cachorros de un año que juegan al fútbol, y luego están los niños de secundaria que se sientan en las mesas del comedor a charlar. Eso fue lo primero que observé. Y luego está su sociedad. Al observarlos todo el tiempo, se pueden ver estos rasgos, no solo físicos, sino también de carácter, que se transmiten de una generación a otra, y eso me fascinó».
Nos parecemos a los lobos. Más de lo que les gustaría a muchos. También somos depredadores. Pero somos menos nobles.
Recomiendo mucho Howl, de alguna manera he recuperado con él las sensaciones que tuve escuchando uno de mis podcasts favoritos, Field Trip, esa sensación de estar al aire libre, de respirar aire fresco, de ver lejos y escuchar claro. Algo que hay gente que es capaz de conseguir solo con el audio. Es casi magia.
El próximo domingo, 19 de octubre tenemos la 19 sesión del Club de escucha. Vamos a hablar de Humo, Murder and Silence en El Salvador, un podcast en español que ha ganado todos los premios. Es para suscriptores. Va a ser un planazo. (Más información al final)
Cómo charlar con ellos.
Si lees Cosas que (me) pasan estoy casi segura de que sabes quién es Mandy Patinkin y si ahora mismo no caes pero te digo Íñigo Montoya, ya lo tienes clarísimo. ¿Por qué lo traigo ahora aquí? Pues porque Mandy Patinkin y su mujer Kathryn Grody acaban de estrenar su propio podcast.
Don’t Listen To Us tiene todo lo que no me gusta: gente famosa charlando. PERO tiene también cosas que me gustan. Mandy y Kathryn son famosos pero no son ultra famosos, no son jóvenes, no son guapos y, sobre todo, no hablan desde un guión estricto intentando quedar bien con todo el mundo. El matrimonio se hizo muy famoso en redes durante el confinamiento y la pandemia porque desde su casa, su hijo Gideon, que estaba con ellos, empezó a grabarles vídeos contestando a preguntas sobre la vida diaria, o haciendo tareas de la casa (hay uno de ellos montando un mueble de IKEA que es un descojone), cocinando, discutiendo, posicionándose políticamente. Era cuestión de tiempo que acabaran teniendo un podcast en el que hacen más o menos lo mismo aunque contestando a preguntas que oyentes, conocidos o su propio hijo les hacen.
He escuchado los dos primeros episodios y bueno, es entretenido para escuchar mientras estás cocinando, tendiendo la ropa, haciendo la cama, cosas así. Es una charleta de personas mayores inteligentes, divertidas, que se ríen, se enfadan, lloran, se conmueven al recordar ciertas cosas (en el primer episodio Mandy Patinkin llora al recordar una conversación con su hijo por las calles de Nueva York, cuando se dió cuenta de que había hecho algo bien educándolo), cosas así. ¿Te va a cambiar la vida? No, pero desengrasa.
Otra cosa: aunque ellos me caen genial, me cabrea que en su primer episodio tengan ya un montón de publicidad, cuñas que hacen ellos mismos, y esas mismas marcas sean incapaces de anunciarse en narrativos de no ficción que son fabulosos. Siento como mi pesimismo hacia el sector se acentúa cada semana que pasa.
Por si te sobra tiempo:
Ha vuelto Sastre y Maldonado. Otro podcast que no te cambia la vida pero sí el estado de ánimo. Yo me lo pongo cuando la cabeza ya no me da para más, solo para soltar el músculo, como cuando acabas de entrenar y tienes que relajarte. Además, casi siempre me río y eso me sienta bien, quizás me sirva para distender la mandíbula.
Ha vuelto también Grandes infelices, de Blackie Books. Esta nueva temporada está dedicada a diferentes escritores y sus ciudades. He escuchado el de Dostoievsky y San Petersburgo y aprovecho también para recomendar, una vez más, que hay que leer Crimen y Castigo.
Deconstruyendo la ficción, de Soledad Ruiz, es un viaje alucinante por el audio. No es para todo el mundo ni para una escucha casual mientras pelas judías verdes o haces sentadillas. Si tuviera que describirlo, lo haría diciendo que es una biblioteca levemente iluminada en una tarde lluviosa forrada de lecturas que te atraen, libros que tras ojear cuatro o cinco páginas decides leer hasta el final, acurrucarte en un sofá y pasar la tarde ahí, sabiendo que cuando termines podrás coger otro, que todo te interesará y que perderás el contacto con el exterior. Algo así. En el primer episodio, El arte radiofónico, he descubierto una pieza de audio increíble, de 1973, llamada Bells in Europe, que va sobre eso, sobre las campanas en Europa. Escucharlo con calma, con cascos, con los ojos cerrados, te lleva a otro mundo, otro tiempo, casi te cambia la manera en la que sientes tu propio cuerpo. Como digo, no es para todo el mundo, pero si te gustan el polvo, el descubrimiento, lo antiguo, dale una oportunidad con calma.
Otra semana más en la que pensaba ser breve pero no lo he logrado. Nada de lo que te he recomendado lo podría contar una IA.
Espero que encuentres algo para escuchar que te guste. Como siempre, está todo en LA LISTA.
Para terminar, recordar que este domingo tenemos sesión del Club de Podcasts Encadenados. Será a las 19:30. Hablaremos de HUMO: Murder and Silence In El Salvador y de tres episodios de Articles of Interest: uno sobre perfumes, otro sobre cremalleras y otro sobre camisas hawaianas. Por supuesto también hablaremos de lo que surja. Será divertido. Si te suscribes hoy, tienes una semana gratis para probar si te gusta. Ya te digo yo que te gustará. Los detalles y el enlace para conectarse están aquí.


Me pongo con los lobos ( a favor siempre) y con “Field trip” ya, que piso menos montaña de la que me gustaría y comparto con amigos montañeros enamorados de los parques naturales. Gracias!
Ana, anotado el de blackie books y tengo dudas con el de sastre y Maldonado. Como me dice una amiga moderna le daré una chance (es que la ruina que tanto os flipa a mi me dió -por seguir con los palabros- cringe)