Podcasts encadenados: el metro, un true crime diferente y migrañas




Hace un par de semanas fui en metro a la presentación del libro de un amigo en la otra punta de la ciudad. Iba con otro amigo que no es de Madrid y antes de salir de casa miré varias veces el Google Maps para comprobar si había alguna manera de ir que no implicara coger el metro. No la había. Me hice a la idea. Cogimos el metro y primero me equivoqué de andén, luego nos pasamos de estación y al salir volví a perderme. Odio el metro. Lo he dicho cientos de veces. No lo soporto, me pone triste, me da ganas de llorar. Cada vez que entro en una estación mi sentido de la orientación se apaga, se va a negro y es como si hiciera ese viaje por primera vez. Da igual que lo haya hecho cientos de veces. Cada día tengo que volver a mirar los trayectos, leer el nombre de las estaciones, memorizar las salidas. Además, mirar a la gente cuando viaja en el metro me causa tristeza infinita. Nunca nadie está contento, no hay más que resignación, cansancio, hastío, scroll infinito y cierto miedo. En un sitio en el que es imposible poner distancia con el otro, todos nos comportamos como si el otro no existiera. O peor, como si su existencia fuera una amenaza.
Por todo esto me ha interesado la acción creativa de Chloë Bass en el Metro de Nueva York. Cansada de los mensajes que suenan allí de “If you see something, say something” que remiten a que los pasajeros estén vigilantes y acechantes ante posibles peligros, consiguió que la autoridad del transporte de la ciudad le dejara durante unos días, y solo en algunas estaciones, emitir unos mensajes sonoros que no tenían nada que ver con el peligro. En seis de los idiomas más hablados en la ciudad, incluído el español, todos eran diferentes. Algunos parecían retazos de conversaciones entre pasajeros, otros eran algo así como dichos, etc. Todas terminan con la frase “If you hear something, free something”.
Esto no me quitaría mi rechazo al metro, pero seguro que me interesaría más que las horrorosas campañas publicitarias que de vez en cuando tapizan algunas estaciones.
Wisecrack, un true crime diferente
Hace muchísimos años, pero muchísimos, estuve en Edimburgo en su famoso festival. Aquello era increíble: aparte de los espectáculos oficiales que, por supuesto, no podíamos pagar (yo tenía 19 años), había actuaciones por todas partes, en las calles, los parques, cualquier esquina. Recuerdo uno vagamente y poco más. En mi memoria dejaron un recuerdo más imborrable el albergue en el que dormíamos, que era una iglesia desacralizada; el tatuaje imitando unas zapatillas que llevaba el encargado del hostal; o los cuatro italianos guapísimos con los que ligamos. (Me encanta que el corrector me sugiera cambiar «ligamos» por «nos relacionamos». Fue más relación que ligue. ¿Qué sabe el corrector de mi pasado como completa nulidad para el ligoteo?)
Estos recuerdos casi adolescentes me vinieron a la memoria cuando comencé a escuchar Wisecrack, un true crime que me saltaba por todas partes. Y reactivó aquellos recuerdos porque el podcast comienza cuando la productora, Jodi Tovay, asiste al monólogo de Edd Hedges, un cómico inglés en Edimburgo. Hedges tiene un estilo muy peculiar y, además, nada más empezar cuenta que durante el show va a decir tres mentiras y que advertirá cuáles son. Si uno va a un monólogo lo que espera es reírse, quizá sentirse un poco descolocado, incómodo en algún momento, pero nunca espera que el monologuista acabe contándole un crimen. Eso es impensable.
Jody se queda bastante flipada con el monólogo y, como resulta que se dedica al true crime, decide investigar la historia que Hedges ha contado para ver si es verdad, si está basada en algo cierto o si es totalmente inventada. Quiere también saber quién es Edd Hedges, qué quiere, sus motivaciones para hablar de ese crimen, etc.
El primer episodio es estupendo. Es complicado que te cuenten un monólogo, que no lo escuches entero pero escuches lo suficiente para entender el contexto y lo que no se ve: el ambiente, el lenguaje corporal, el misterio, cómo cambia la actitud del público. A partir de ahí Wisecrack me interesó, quería saber, como Jody, quién era Edd y cuál era la historia, pero esta serie que me ha llevado de un extremo a otro, de sorprenderme a aburrirme, de interesarme a no saber a dónde iba, de indignarme a emocionarme.
Es un true crime pero con una vuelta de tuerca que, por lo menos, lo hace diferente, aunque intuyo que hay algo que no encaja del todo y creo que es el papel de Edd, que queda claro en el episodio final pero no antes. Su presencia en ciertos momentos distorsiona y creo que es por cómo está construída la narración, un poco a martillazos para que las piezas triangulares encajen en los agujeros redondos. Jody pretende que el oyente vaya construyéndose una imagen de Edd según le conviene a ella en vez de contar la historia y que el oyente vaya decidiendo.
Lo recomiendo bastante, la verdad. No es que me enloquezca, pero sí me ha parecido diferente y engancha bastante.
Por si te sobra tiempo:
El otro día hablaba de cómo, a veces, se arraciman las ideas y esto es algo que me pasa también con los temas. Hace un mes estuve en la presentación de unas pequeñas piezas teatrales que desde El Extraordinario habían preparado para acompañar su podcast Premonición, que se estrenó hace un año. Es una ficción que, una vez más, opta por una distopía futura pero no tanto (2040) en la que un periodista llamado Abel Uribe (Jorge Machín) llega a la pequeña aldea de Serén, sin localizar geográficamente, para conocer a Luz Nevado (Nikki García), una mujer que escapó de Valdemar, la gran capital en la que viven 36 millones de personas, y con la que quiere contactar con la excusa de conocer algo más la figura de Amir Lazly, el líder de la resistencia. ¿Resistencia contra qué? ¿Es Álvaro de verdad periodista? ¿Qué se esconde en Serén? Dale una oportunidad porque, como te he dicho, desde el primer momento engancha bastante. Esta ficción es un branded de una farmaceútica y en ella tienen un papel muy importante las migrañas de la protagonista. Cuando vi las micropiezas teatrales recordé que hace muchos años me llamó la atención un pequeño ensayo sonoro llamado Migraines & tsunamis, de Adriene Lilly, que trataba de hacer sonar una migraña y las señales que anuncian su llegada. Además, en un par de semanas me encontré con este artículo sobre el mismo tema y en Un puñado de flechas, de María Gainza, descubrí que ella también sufre estos dolores infernales. Últimamente yo también tengo migrañas, creo que son por mi mandíbula.
Paloma / Palmolive / Paloma. Cuando tengo tiempo, me gusta salir de lo que son puramente podcasts y escuchar pequeñas piezas de audio, muchas veces experimentales, que encuentro por ahí. Esta, con este nombre de mujer española, dura 8 minutos, es de 2019 y cuenta la historia de una chica española que a mediados de los 70, con diecisiete años, se marchó a Londres. No te cuento más. Merece la pena descubrirlo.
Tengo a mi alrededor varias personas muy fans de Amiga date cuenta. Lo escucho a veces, más por saber qué se está haciendo que por un interés genuino. Como dicen los ingleses, no es “my cup of tea”. Esta semana le dediqué un rato a Derechizades: sí, tú también. La premisa del episodio es que todos nos estamos derechizando. No me convencieron ninguno de los argumentos que daban pero, como siempre que lo escucho, me fascina la cantidad de referencias culturales que manejan. Eso me encanta.
This is the case of Henry Dee es el último episodio de This American Life. Es tristísimo y descorazonador. Henry Dee es un hombre que ha pasado casi cincuenta años en la cárcel. En este episodio se escucha a trece personas que forman parte de una especie de comité que revisa condenas para ver s si libera, bajo fianza, a algún preso.Cuanto más escucho sobre el sistema judicial americano más convencida estoy de que es un sistema roto, peligroso, vengativo y, sobre todo, injusto. (No tengo mucha fe en el español tampoco, pero de este no se puede escuchar ni una décima parte)
Esto es todo por esta semana. He tratado de no extenderme para no abrumar. Poco a poco. Como siempre, está todo en la LISTA. Y si escuchas algo ven a contármelo, me hará ilusión
La próxima sesión del Club de Podcasts Encadenados será el 16 de noviembre. Es solo para suscriptores y te aseguro que merece la pena. Los detalles y el enlace para conectarse están aquí.


A mi me pasa lo mismo con el metro, lo evito siempre que puedo, además de imaginarme incendios, choques y cortes de me produce claustrofobia y ansiedad.
Lo he pasado mal en Londres, un día de fin de año en el que nos desalojaron, pesamos en un ataque terrorista…también en NY y Chicago he pasado miedo en ciertas líneas…
Escucharé alguna de tus recomendaciones de podcasts, en castellano…of course… mi inglés creo que no da para mucho.
Gracias.
Jaja, nota discordante aquí. A mí me gusta. He desarrrolado un métido para sentarme y es el tiempo que aprovecho para leer. Además no me pierdo y me ayuda a hacerme un mapa de la ciudad. En cambio, los autobuses me ponen nerviosa pprque no sé bien por donde van, ni en qué parada bajarme. Ahora han puesto las pantallas a algunis, pero yo ya les tengo manía.
Escuché Wisecrack y me pasó como a ti. Los priemro me emcantarin, luego flojea. Pero bueno, merece la pena porque está entretenido.