Podcasts encadenados: de familias, idiotas y padres genocidas.




A pesar de la lluvia y los días nublados, como no hace mucho frío, cada mañana abro un buen rato las ventanas de Orbela. Estoy acostumbrándome a los sonidos de la casa y los alrededores: el tren que pasa frente a mi ventana desde las 5:40 de la mañana; los pájaros que pían por el jardín (para mi gusto bastante enloquecidos); dos pequeños pájaros carpinteros, o algo parecido, que golpean la corteza del pino frente a la ventana de mi estudio; el cencerro de las vacas en los prados más allá de las vías y que escucho solo en las mañanas… Cuando luego cierro las ventanas, la casa se recoge en un silencio compacto. Sus muros de más de medio metro de grosor dejan cualquier ruido fuera, crean una cápsula dentro de la cual, como los astronautas, también tengo que acostumbrarme a mis propios sonidos: mis pasos, el sonido de las teclas en el estudio, la tetera, el crujido de la madera, el tic tac de un relojito que compré en Francia antes de tener esta casa. Un mundo de sonidos.
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The Idiot
Se pueden tener todas las reticencias del mundo con el New York Times y su, por ejemplo, cobertura sionista del genocidio de Gaza o de la guerra en Irán y al mismo tiempo se puede admirar y envidiar lo buenísimos que son haciendo audio. Siempre son buenos pero, a veces, son excepcionales y lo han vuelto a hacer.
Justo antes de Semana Santa estrenaron The Idiot, su nueva serie, publicando los cinco episodios del tirón. La he escuchado dos veces seguidas y no dejo de maravillarme por su calidad en absolutamente todo. Tengo tanto que decir que voy a tratar de ordenarlo para convencerte de que lo escuches, de que no tengas dudas y corras a por ello.
1.- Por primera vez en sus series, Serial y el New York Times adoptan una historia personal de un periodista para contarla en audio. M. Gessen, nacido en Rusia, es columnista de opinión en el NYT pero también ha escrito sobre derechos LGTBIQ, sobre terrorismo, sobre la guerra en Gaza, sobre corrupción en Rusia (de donde tuvo que huir en 2013 cuando las autoridades rusas amenazaron con quitar a los padres LGTBI la custodia de sus hijos). La historia que cuenta en The Idiot es una historia familiar, la historia de su primo Allen Gessen, al que el hijo de M. describió una vez como “he was an egg who knows how to talk to people”. Allen, un personaje absolutamente increíble y bastante despreciable, fue acusado en 2022 de contratar un sicario para matar a su exmujer, Priscilla, para quedarse con sus dos hijos. Lo que M. Gessen hace a lo largo de los cinco episodios es una especie de exploración familiar para intentar entender cómo alguien tan cercano a ti, aunque nunca te hayas llevado especialmente bien con él, puede cometer un delito así. Es por tanto una historia familiar, un «él dice, ella dijo».
2.- M. Gessen no ha hecho nunca audio y no tiene una voz especialmente radiofónica, casi lo contrario, pero a través de una escritura magistral y un personalísimo estilo narrativo te engancha desde la primera frase. Le acompañas, te indignas con él, tienes dudas, a veces bajas la guardia y, como él, intentas empatizar, te preguntas si estás siendo justo, un completo abanico de sensaciones y sentimientos. Hay muy pocas voces: M. Gessen, Allen, Priscilla y el padre de M. como patriarca de la familia. Nadie más. El guión está construido con frases cortas, que funcionan como los clavos del andamio de una casa, que M. Gessen va clavando poco a poco hasta que al final el oyente puede contemplar la casa entera, lo que ocurrió, quién es Allen.
3.- Toda la familia Gessen es de origen ruso y tienen mucha relación con ese país. El homenaje que hacen a Dostoievski con el título del podcast, El idiota, y el homenaje a Toltsoi y su Anna Karenina al comenzar el primer episodio es de una exquisitez que da la medida del nivel de perfección y atención al detalle de Serial y The New York Times.
“My family, if I had to give it an adjective, is elastic. 45 years ago, my parents, my little brother and I came over to this country from the Soviet Union, extending the family across continents. Over the decades, the family, my father really, stretched to absorb spouses, in-laws, even though they spoke a different language. Children, both biological and adopted, ex-spouses who chose to stick around, and eventually grandchildren”.
4.- Las descripciones. Hay que escuchar casi con papel y boli o, mejor, imprimiendo las transcripciones y subrayando. Cuando describe a Priscilla, la ex mujer de Allen, esto es lo que dice de ella:
“When she walks down the street, people literally turn around to look. She demanded more room and more light, and an audience larger than me and my recording equipment on the couch”.
O cuando describe el lugar en el que Allen se reúne con un agente encubierto del FBI, un lugar hortera.
“David had told Allen to meet him at The Boca Raton in Boca Raton. You know those places that added ‘The’ to the name of the actual place, to indicate that it’s everything you ever imagined but so much more. This resort has 19 bars and restaurants, and 4 beach options, The Boca Raton”.
En un episodio especial de This American Life, Ira Glass comenta con M. Gessen la cantidad de veces que escribieron, reescribieron y editaron el guión. Y se nota tanto.
5.- “Compassion has its own limits when it comes to your own cousin”, reza la sinopsis de la serie. Hay en The Idiot una exploración interna de M.Gessen hacia su papel como periodista, como narrador, como observador y como implicado en la historia. Hay mucho de metaperiodismo: Gessen se juzga a sí mismo y cómo tiene hacia él, durante el juicio y respecto al testimonio del agente del FBI, una actitud completamente distinta a la que ha tenido durante su carrera con otros acusados. Reflexiona sobre cómo es muy difícil, por no decir imposible, ser objetivo cuando el sujeto de tu investigación es alguien a quien personalmente tienes animadversión. Un poquito de Janet Malcolm y El periodista y el asesino.
6.- Hablemos de la música y el arte. La cover es una obra maestra de John Currin. Sin escuchar el podcast, simplemente al verla te haces una idea, pero es que al terminar de escucharlo vuelves a mirarla y adquiere aún más sentido. Es increíble. La música de Allison Leyton-Brown es perfecta. Toda la historia tiene, dentro de su dramatismo, un tono chusco, como de tragicomedia familiar, con un protagonista ridículo, engreído, prepotente, pusilánime, digno de compasión en alguna ocasión, pero con un lado muy oscuro y peligroso que solo su propia incapacidad ha neutralizado. Y la música refleja todo eso.
7.- En los créditos de la serie aparecen veintisiete personas. Eso es dinero y tiempo. Dinero y tiempo invertidos en hacer una serie periodística de investigación de altísima calidad.
Es una escucha obligatoria para este 2026. Además tienes las transcripciones completas y te aconsejo que, cuando termines, busques las fotos de los personajes.
El apellido que les dejo
El pasado 24 de marzo se cumplieron 50 años del inicio de la terrible dictadura militar en Argentina, que dejó miles de muertos, de desaparecidos y de bebés robados a sus madres. Hemos leído, escuchado y visto muchas historias de todas esas víctimas, nunca suficiente, pero El apellido que les dejo, esta serie independiente estrenada recientemente tiene otro enfoque: ¿Cómo es vivir con un genocida en casa?
«Aquellos que durante la última dictadura cívico-militar en Argentina ejecutaron un plan sistemático de desaparición y torturas y asesinatos, después del trabajo volvían a sus hogares. ¿Cómo es crecer con un genocida en casa?»
A esta premisa responden los 5 episodios que se escuchan de un tirón, sin poder parar. En cada uno de ellos cuatro hijas y un hijo de un militar asesino cuentan su relación con su padre. Los recuerdos que tienen de la época, cuándo empezaron a tener dudas sobre lo que sus padres hacían, cómo se enfrentaron a ellos, cómo eran ellos en casa, cómo se vive sabiendo que tu padre es un asesino, un genocida. Cómo se reconstruye o se descompone tu niñez cuando tienes la certeza de que tu padre no se arrepiente de sus crímenes.
Los cinco testimonios son demoledores, contundentes, están llenos de reflexión y de rabia. Apenas hay narrador, solo unas pequeñas pinceladas para dar el mínimo contexto y el resto son relatos crudos de recuerdos, de peleas, de palizas, de enfrentamientos, de desgarro y de lucidez.
Al final del primer episodio, Bibiana Reibaldi cuenta cómo en los últimos días de su vida, su padre ingresado en el hospital y drogado con morfina, empezó a gritarle: «Vete, vete, vienen los aviones, vienen los aviones» muy angustiado. Y ella dice: «En los últimos días vivió medio torturado». Hace una pausa y añade: «Que se joda».
En ese «que se joda» está contenida toda la rabia del mundo.
Detrás de El apellido que les dejo no hay una gran productora, es un podcast independiente producido por un equipo pequeño y con una idea original de Belén Ríos y guión de Agustín Antonacci. Aquí no hay recursos ni mucho dinero, supongo, pero es un trabajo fabuloso que es también obligatorio escuchar y que merece toda la difusión posible.
Y dejo una última reflexión: ¿por qué hay más mujeres que hombres que se enfrentan al pasado de sus padres? Sobre esto también se habla en el podcast.
Si te sobra tiempo:
Aquí voy a dejar poca cosa, porque de verdad que quiero que escuches The Idiot y El apellido que les dejo, pero por si acaso:
Hace unas semanas recomendé la miniserie de The Journal sobre la industria de la fertilidad en Estados Unidos, pero me veo en la obligación de volver a recomendarla porque estoy escandalizada. Estoy completamente en contra de la gestación subrogada, un eufemismo para lo que es sencillamente comprar niños aprovechándose de la precariedad económica de las mujeres. Siempre lo he estado, pero después de escuchar esta serie es que, además, me puede la rabia. Son cuatro episodios que recomiendo escuchar; pero el tercero, titulado One Dad, One Hundred Babies, lo escuché gritando. Cuenta cómo millonarios chinos se están dedicando a encargar niños en Estados Unidos como el que compra en Temu. Hombres que tienen 20, 30, ¡100 hijos! El episodio está centrado en eso, pero se menciona muy brevemente cómo las mujeres gestantes, cuando se enteran de que los niños que han llevado dentro no van a estar en una familia amantísima sino en una especie de granja de hijos, se quedan hechas polvo. Y el tema está en que si se permite que alguien se compre un hijo ,¿qué impide que no se compre 10, 30 o 100? (Complementario a este tema, también leí este artículo)
El Instituto Polaco de Cultura acaba de estrenar Polska Podcast, un podcast magazine podríamos decir, dedicado a contar la cultura polaca al público que habla español. Lo presenta el grandísimo Antonio Martínez Asensio, al que conoces de Un libro, una hora, y por el estudio van pasando gestores culturales, artistas, especialistas en Historia, Literatura, Música polaca, dando detalles sobre un país del que yo, sinceramente, sé bastante poco. Es entretenido, se escucha como un programa de radio y creo que hay que darle tiempo a consolidarse y pulir un formato más redondo.
En Semana Santa, en el coche, escuché varios episodios Epidemia Ultra, de Franco Delle Donne, un podcast que explica justamente eso: de dónde viene esta epidemia ultraconservadora que arrasa en el mundo entero. Franco, que es un tipo maravilloso y encantador, lo cuenta todo muy clarito, con datos contrastados y reflejando el contexto en el que este movimiento reaccionario se está produciendo a nuestro alrededor. Puedes empezar, por ejemplo, por su explicación sobre lo que ha pasado en Dinamarca cuando la socialdemocracia ha adoptado ideas de los ultraconservadores sobre la inmigración o su explicación sobre cómo es y quién es el votante de la ultraderecha.
Como siempre lo tienes todo en LA LISTA. Y si escuchas algo, ven a contármelo.
Gracias por llegar hasta aquí.
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Madre mía cuántos deberes... Lo bueno es que escucho podcasts cuando salgo a caminar, así que la curiosidad me obliga a caminar más y así mejoro el intelecto y el cuerpito.
Yo si me permites, de Epidemia Ultra recomiendo empezar por Hungría, que hay dos episodios. El primero es imprescindible para llegar al segundo, pero el segundo explica de dónde viene uno de los bulos más burdos de la historia de la comunicación política y la peña lo flipará.