Lecturas encadenadas. Octubre
Cada mañana, me levanto, me cambio de ropa y sin pensarlo mucho porque si lo pienso es peor, me pongo a hacer ejercicio frente a la estantería de mi habitación. Mientras levanto pesas, hago sentadillas, zancadas, abdominales y flexiones, releo los títulos de los libros en que tengo frente a mí. Cada día pienso: «tengo que releer Los Pazos de Ulloa, esas novelas de Patricia Highsmith que tanto me gustaron y volver a Invierno en Lisboa de Muñoz Molina» «¿He leído Café de artistas de Camilo José Cela o no? En cuanto terminoy me voy a desayunar esos títulos desaparecen mi mente dejando paso a la vorágine de tontadas que me ocupan el día a día.
La cuestión es que el propósito de releer está entre mis intenciones lectoras. Creo que he alcanzado una edad en la que casi cualquier lectura que recupere de mi pasado, cualquier buena lectura, puede hacerme repensar en quién soy o en quién era y me apetece. Con ese propósito y porque se han cumplido cien años de su publicación, recuperé de mi estantería (un metro más a la derecha de donde miro fijamente mientras hago biceps), The Great Gatsby, que leí por primera vez con dieciocho años en una edición terrible de una colección que publicaba El Mundo y por segunda vez con treinta y nueve en una preciosa edición en inglés que es a la que he vuelto ahora.
De volver a Gatsby me ha llamado la atención lo tristísima que es esta novela.Todos los personajes son desgraciados, especialmente Gatsby perdido en el anhelo de un amor que él ve puro y absoluto cuando en realidad es superficial y corrupto como lo es, su amada Daisy. ¿Se le puede reprochar eso a Gatsby? No. ¿Quién no ha creído que su historia de amor era especial, algo que nadie más había sentido y que sobreviviría a cualquier circunstancia? ¿Quién no ha hecho mejor al objeto de su amor para luego llevarse un chasco monumental al descubrir al otro fuera de ese pedestal en el que le había colocado? Es triste también por la desidia en la que viven los personajes, como si fueran a la deriva dejándose llevar por las corrientes de la bahía a la que se asoman las mansiones en las que viven. Ninguno parece tener voluntad, tan solo Gatsby y la pierde cuando se le desmorona la ilusión. No sé, mucha tristeza. A veces, y esto no lo percibí antes, sordidez amarga.
Al ser una relectura me he reencontrado con las esquinas dobladas de mi yo de treinta y nueve años. Con algunas he resonado y de otras, a pesar de leer y releer, no he entendido qué fue lo que me llamó la atención por entonces. A lo que sí he vuelto ha sido a maravillarme con la escritura de Scott Fitzgerald, su estilo es un festín para los sentidos. Y quiero decir justamente eso, mientras vas leyendo admiras el césped del jardín perfectamente cortado, verde lujurioso y tupido, asistes a esas fiestas desbordantes de lujo, sientes el calor del verano, la luz de la bahía, el sofoco de la ciudad. No descubro nada si digo que es una novela impresionante. Cien años después de escrita resuena con el lector como si hubiera sido escrita ayer. Por eso es un clásico al que volver siempre. Además, estilísticamente es compleja porque Scott Fitzgerald no opta por escribir con un narrador omnipresente que lo cuente todo desde arriba, quiere alguien en paralelo a Gatsby, a la historia, al mismo nivel que el lector. Por eso elige a Nick que es, al mismo tiempo, protagonista y autoridad en el sentido de que ordena el espacio y el tiempo en la historia, hace de guía y conoce incluso lo que ocurre cuando él no está presente. El salto mortal que da Scott Fitzgerald al final de la novela para conseguir esto es impresionante y arriesgado pero funciona.
«He smiled understandingly -much more than understandingly-. It was one of those rare smiles with the quality of eternal reassurance in it, that you may come across four or five times in life. It faced -or seemed to face- the whole eternal world for an instant, and then concentrated on you with an irresistible prejudice in your favor. It understood you just so far as you wanted to be understood, believed in you as you would like to believe in yourself, and assured you that it had precisely the impression of you that, at your best, you hoped to convey. Precisely at that point it vanished - and I was looking at an elegant young rough-neck, a year or two over thirty, whose elaborate formality of speech just missed being absurd. Some time before he introduced himself I´d got a strong impression that he was picking his words with care»
Así aparece Gatsby y su carisma y su misterio en el capítulo 3. Ahí te quedas enganchado. ¿Quién no ha conocido a alguien con una sonrisa así?
Si no has leído El gran Gatsby estás tardando.
Después de releer me lance a una novedad, publicada el año pasado, Libre. El desafío de crecer en el fin de la historia de Lea Ypi y que tenía muchas ganas de leer. Lo compré en Laguarida en Cercedilla (dejo enlaces a su web por si te apetece comprarles online aunque seguro que cerca de tu casa hay una librería) y ha sido todo un acierto de lectura.
Lo he disfrutado muchísimo porque a pesar de ser autoficción / memorias /autobiografía /diario / relato de un llegar a la adultez no hay en Libre ni un solo lugar común ni en el propósito ni en las circunstancias geográficas y temporales de lo que Ypi nos cuenta. Lea Ypi nos lleva a la Albania comunista de los años 80, cuando ella tenía once años (nació en 1979). Como digo me ha gustado lo que cuenta y cómo lo cuenta . No es fácil, y casi siempre sale mal, recrear los pensamientos y los sentimientos o la voz de tu yo niño o adolescente. La mayoría de las veces suena impostado, otras directamente provoca vergüenza ajena. Muchas veces es inevitable que el autor dote a su voz del pasado de más sabiduría que tenía y vuelque en ese yo del pasado una serie de prejuicios morales que casi con total seguridad no tenía por entonces. Lea Ypi consigue hasta dar a su relato, sobre todo en la primera parte, un tono con un ligero toque humorístico que, a veces, me ha recordado al tono de las películas españolas de los años 60,
Ypi consigue una naturalidad que resulta tierna y lúcida al mismo tiempo y que hace que tú como lector vuelvas también a esa edad y entiendas todos sus procesos mentales. Lea Ypi crece en un régimen autoritario en el que siente adoración y devoción por el dictador, Enver Hoxha. No ha conocido otra cosa, ha sido adoctrinada en el colegio y aunque en su casa sus padres son más tibios en esa devoción, cosa que ella no entiende, ella vive convencida de que vive en el mejor país del mundo y que Hoxha es el líder que cuida de todos ellos. ¿Cómo no van a ser libres?
«Yo había crecido creyendo que mi familia compartía mi entusiasmo por el Partido, el deseo de servir a la patria, el desprecio por nuestros enemigos y la pena de no tener entre nuestro parentesco unos héroes de guerra a quienes recordar. Aquella vez me pareció que algo había cambiado. Mis preguntas sobre política, el país, las protestas y todo lo que estaba sucediendo solo hallaron respuestas cortas y evasivas. Quería saber por qué la gente reclamaba libertad si ya éramos uno de los países más libres sobre la tierra, según nos decía siempre la profesora Nora. Cuando mencioné su nombre, mis padres alzaron los ojos al cielo. Empecé a sospechar que no tenían la mejor disposición para responderme y que ya no podía confiar en ellos. No solo mis preguntas sobre el país quedaron sin respuesta sino que, además, empecé a preguntarme en qué clase de familia me había tocado nacer. Dudaba de ellos y, al hacerlo, empecé a dudar de quién era yo. »
Cuando el dictador muere en 1985 y todo empieza a desmoronarse a su alrededor Ypi no juzga nunca a su familia, a sus padres, a su abuela, con los que vive (algo que está muy de moda últimamente). De hecho hay otra cosa que me ha gustado especialmente y es el retrato que hace de sus padres no como su padre y su madre sino tratando de comprenderlos en su totalidad, como personas al margen de su relación con ella.
«Por lo general la voluntad de mi padre por dar a conocer su opinión solía chocar con la actitud de mi madre por ignorarla. Discutían sin parar. Pero casi siempre lo hacían de igual a igual. El equilibrio se rompía cuando mi madre tomaba decisiones sin consultarle antes y entonces él se sentía herido. Mis padres habían construído su relación a base de pullas y, con el paso de los años, resultaba cada vez más difícil distinguir los intercambios lúdicos de los desagradables. Su matrimonio era como una cadena montañosa; como escaladores experimentados sabían cuándo podían emprender el ascenso a las cumbres más peligrosas y cuándo detenerse si se enfrentaban a un abismo en el que muchos otros habían caído. Pero había veces en las que yo temía que también ellos acabarán despeñándose. La tercera vez cuando mi madre anunció su decisión de entrar en política»
Cuando finalmente cae el régimen y Albania tiene que reinventarse la familia Ypi también debe reconstruirse desde la nada o desde los restos de lo que fueron cuarenta años atrás. El personaje de su abuela, Nini, es fundamental para mantener el nexo con lo que ocurrió antes de la II Guerra Mundial. Pasan además de la opresión y el miedo a las represalias, aunque la Lea niña no lo hubiera vivido así, al descontrol y otro tipo de miedo, el de no saber qué va a pasar.Cuando Albania se deshace y sus habitantes empieza a emigrar se encuentran con que el resto del mundo que antes les recibía como héroes porque escapan de la opresión, ahora les rechaza.
«Quizá nunca les importó realmente la libre circulación. Resultaba fácil defenderla cuando era otro el que hacía el trabajo sucio de encerrar a la gente. Pero ¿qué valor tiene el derecho a salir de un país si no existe el derecho a entrar en otro? ¿Las fronteras y los muros solo son censurables cuando sirven para impedir que la gente salga y no cuando impiden que la gente entre? »
Lea Ypi es profesora de teoría política en Londres y su Libre es una lectura muy recomendable.
¿Releeré alguna vez más El Gran Gatsby? ¿Viajaré a Albania? ¿Qué sé de la historia de mi familia? ¿Qué no quiero saber?
Dos lecturas en octubre. Dos aciertos. Dos recomendaciones. El mes que viene más. Si has leído algo de lo que recomiendo, ven a contármelo. Me hará ilusión.
Si te gusta leer Cosas que (me) pasan me encantaría que pensaras en suscribirte. Si lo haces, aparte de mi agradecimiento infinito, tendrás acceso a la newsletter extra del último domingo del mes, al club de escucha y al chat. Si te gustan los podcasts y hablar de ellos, tenemos la próxima sesión del Club de Podcasts Encadenados el 16 de noviembre. Es solo para suscriptores y te aseguro que merece la pena. Vamos a comentar El capitán y el brazalete de esmeraldas con sus guionistas, los hermanos Felipe y Camilo Macias además de muchas otras cosas, claro. Los detalles y el enlace para conectarse están aquí.
A lo mejor te gusta tanto lo que escribo que quieres hacerte fundador de Cosas que (me) pasan. 70 € al año, piénsalo ¿Cuándo has sido fundador de algo? Si te decides, además de todo lo anterior recibirás una carta manuscrita y varias tarjetas necesarias para tu vida con frases como “Me quiero ir a casa a leer” o “Desde tan abajo no explico”. ¿Cuándo fue la última vez que abriste el buzón y había una carta para ti? Piénsalo.





Hay una frase de Mandela q me encanta, q dice algo así como "no hay como volver a un lugar q no ha cambiado para darte cuenta de lo q has cambiado tú". Se aplica totalmente a los libros, y pasa con las relecturas (yo ahora planeo releer "The cacther in the rye", q leí en la adolescencia!).
Por ello, me pregunto si debería releer Gatsby, porque lo leí hace tb muchos años, y no me gustó. EStá muy bien escrito, pero el personaje de Gatsby se me hizo insoportable, continuamente repite el latiguillo "old sport!"- es lo q más recuerdo. Como era la era pre-blog no tengo escrito para recordar nada más. Pero me da mucha pereza.
Me gusta mucho el estilo de Lea Ypi y "Libre" son unas memorias maravillosas. Acaba de sacar otro sobre, para mí, el personaje de la novela (su abuela Nini) titulado "Dignity".
HUgs
di
Hola.
He leído los dos libros, el de El Gran Gatsby lo leí de adolescente la primera vez.
La segunda, fue cuando el NYT sacó una versión serializada que entregaba con el periódico en papel, hará unos 20-25 años.
La tercera vez fue en un club de lectura fantástico dirigido por una chica rusa. Con cada lectura lo disfruté más al punto de que hoy es uno de mis libros clásicos estadounidenses preferidos.
El libro de Lea Ypi lcuando se publicó. Puede decirse que fue mi introducción a Albania, país al que hasta entonces no le había prestado atención.
Hoy, casualmente, estoy en Albania.
En las librerías de Tirana Libre está por todas partes pero también Indignity, el libro que acaba de sacar.
Indignity surgió precisamente de las críticas en redes sociales a una foto de los abuelos de Ypi durante su luna de miel en los Alpes en 1941. El contexto es que Italia había invadido Albania en 1939. La pregunta es ¿qué hacen tus abuelos en una estación de esquí de lujo en el país que lleva dos años dándole caña a Albania?
No lo he comprado todavía porque estoy leyendo a Ismail Kadaré, considerado el gran escritor clásico albanés,y Misinterpretation de Ledia Xhoga y finalista (Long listed) del Booker de este año. El de Xhoga es adictivo.
(El museo de Kadaré en Tirana es pequeñito pero sumamente interesante porque fue su casa).
Saludos.