Cosas que (me)pasan

Cosas que (me)pasan

La página llena de octubre

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Molinos
oct 26, 2025
∙ De pago
Alberto Goldenstein, Boston, 82.

“Life starts all over again when it gets crisp in the fall”.

«La vida vuelve a empezar cuando llega el frescor del otoño».

― F. Scott Fitzgerald, El Gran Gatsby


Me subí a un autobús y en una de esas pantallas absurdas que llevan ahora, entre una cita de El Quijote y el anuncio de un musical en Gran Vía, leí: «El otoño durará 89 días y 21 horas». Me puse triste. Me parecieron poquísimos y decidí que iba a intentar ser consciente de cada uno de ellos, aprovecharlos. 89 días y 21 horas, casi-casi 90, es que son poquísimos. El verano dura 523.

Además no es verdad. No puede ser otoño si veo a la gente con sandalias de tiras por la calle y a los turistas tomando el sol en el Retiro. Sigo pensando que deberíamos mover el calendario. Ahora que se plantea parar el cambio de hora, apunto la idea de cambiar el conteo de las estaciones. Resignémonos, basta de falsas ilusiones. El verano dura 250 días, el otoño 25, el invierno 28 y lo que sobra para la primavera.


Fui a ver Los domingos. Pocas veces he pasado más miedo en el cine. No estoy de coña. Cualquiera que haya ido a un colegio de monjas (o que al menos fuera en los años 80, como yo) reconoce todas las artimañas que se desplegaban para convencer a niñas para que te metieras a monja.

Los domingos es una película de terror. Está todo ahí. El mal absoluto encarnado no por una criatura demoníaca o que vive en el más allá, sino en un ambiente opresivo que desde pequeña te capta, te enreda con frases como «la fe lo puede todo», con las misas, con las canciones, con los ejercicios espirituales. Están los acólitos de ese mal, empezando por el cura joven enrollado que se relaciona con los adolescentes haciéndoles creer que pueden confiar en él, que los trata como adultos porque les dice que les «comprende», que sabe que ellos saben ya lo que quieren. Y están esas monjas de cutis terso y sonrosado, con sonrisas beatíficas y que te hablan susurrándote, enredándote con su discurso comprensivo. Esas monjas ante cuya presencia te daban escalofríos, se te helaba la sangre pero no entendías por qué.

Está también la caza de la joven débil, la más insegura, la que se encuentra más incómoda en su adolescencia, la que en su casa tiene algún problema, la que llega tarde a gustar a los chicos. Es la caza de la gacela thomson con las frases «Cuando Jesús te llame», «Lo sabrás dentro de ti», «Un amor puro y absoluto».

En Los domingos hay una heroína. Pero pierde. Lloré por su derrota y por el alivio de haberme librado.

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