Cuaderno de vacaciones. Epílogo
31 de agosto
El plan era terminar el Cuaderno de Vacaciones con la publicación de ayer, pero claro, ayer yo estaba de vacaciones y, lo confieso, me da mucha pena despedirme de este Cuaderno, así que pensé que podía aprovechar mis últimas horas antes de volver a mi rutina laboral para escribir un epílogo para cerrarlo.
El otro día leí en la newsletter de Austin Kleon esta frase: “Maybe your own personal routine should look exhausting to someone else! What sets you free — the more it’s really yours — should probably look like torture to another human”. Que yo traduciría libremente como: «A otra persona tu rutina personal puede parecerle un espanto. Lo que te hace más libre, más tú, lo que es más propiamente tuyo puede parecer una tortura a los demás».
Puede que haya gente que crea que dedicar un rato a escribir todos los días de mis vacaciones es un espanto de plan. Puede que incluso lo vean como un sacrificio, destinar horas de mi tiempo libre a sentarme a escribir en vez de, ¡yo qué sé!, leer, dormir, pasear o bañarme en la piscina. Lo entiendo, me parece bien. No es eso lo que me sorprende. Lo que me llama la atención, y llevo pensando en ello unos días, es que yo no lo siento así. Para mí ha sido un gusto, una fuente constante de diversión y satisfacción.
No siempre ha sido fácil ni una juerga. Algunos días costó. Hubo veces en que desde primera hora de la mañana tenía claro el tema y el enfoque. Otros en los que la chispa surgió por sorpresa, en medio de una caminata, una conversación, una cena, mirando el paisaje o de una frase en un libro, un artículo, un podcast o una película. Enseguida sabía que ahí estaba la página de ese día, así que corría a dejarme una nota o les decía a mis acompañantes «recordadme que». Otros días no tenía nada preparado cuando, por la noche, abría el ordenador. Ponía el título «Cuaderno de Verano. Capítulo X» y me lanzaba pensando: «Allá voy. Veremos qué sale».
La magia estaba precisamente ahí, en el instante en que me ponía a escribir. Cuando ya tenía las dos primeras frases, todo a mi alrededor se esfumaba y, casi sin darme cuenta, la página del día estaba llena.
Este cuaderno, estos treinta y un días escribiendo, me ha hecho mirar mis días, fijarme en ellos y en sus detalles, construir pensamientos, fijar recuerdos. Con este cuaderno he recuperado escritos, me he reído, he celebrado. He disfrutado muchísimo de él y gracias a él mis vacaciones han sido mejores, casi perfectas.
Escribir este Cuaderno de Vacaciones ha sido un placer, no una tortura.
Ojalá poder seguir escribiendo todos los días.
Lo voy a echar mucho de menos.
Gracias a todos por leerlo. Y muchísimas gracias por todos los comentarios. Ha sido tan divertido.
Puedes leer el Cuaderno entero aquí.
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Se acaba tu Cuaderno y acabo de leer que Koshletter pasa a formato semanal… y ahora cómo se levanta una de la cama?
Voy a echar terriblemente de menos leer cada mañana con el café tu cuaderno de vacaciones. El año pasado fue terapéutico para mí y este también ha sido un salvavidas más días de lo que me pensaba.
Gracias por la "terapia". Un abrazo Ana y buena vuelta a la rutina.