Cuaderno de vacaciones. Capítulo 8
9 de agosto
Me prometía una tarde perfecta: Sofá, vagueo, dormitar una mala película, un té, una tostada con nocilla, mirar al infinito, escuchar a los pájaros, a los paseantes que pasan por delante de nuestra ventana y cotillean envidiándonos, un breve paseo al mirador, leer un buen rato y, a última hora, escribir.
Por la mañana todo iba encarrilado para una tarde así. Todo iba bien. Todo seguía el plan establecido. Levantarme con calma, ejercicio de hombros y pecho, lento desayuno, lavar ropa a mano para quitarle todo el polvo de la excursión de ayer, un poco de limpieza en la casa escuchando podcasts, aperitivo mientras escribía tarjetones para los miembros fundadores de Cosas que (me) pasan, aceitunas ricas, cacahuetes con wasabi, un buen vino. Una rica comida y, por fin, al sofá.
Y ahí todo se ha torcido. Dolor de cabeza, dolor de mandíbula. No sé si un dolor viene del otro o el otro viene del uno o los dos han decidido unirse y hacerse fuertes en el lado izquierdo de mi cara. Incomodidad en el sofá. Parecía uno de esos personajes americanos de película que colocan y recolocan los cojines intentando dormir. No podía dormir. No podía leer. El libro que estoy leyendo, Calle Londres 83, de Philip Sands, me pesaba demasiado en los brazos, si me ponía de lado no estaba cómoda, no conseguía concentrarme. Me he tomado un ibuprofeno, vuelto a cambiar todos los cojines y me he tumbado a dejarme morir viendo El becario, una película horrorosa en la que Anne Hathaway hace de Anne Hathaway una vez más y es una jefa muy boba a la que le enseña el sentido de la vida Robert de Niro. Mi película favorita de De Niro es Heat, esa no me la hubiera dormido, pero la de la Hathaway sí, algo he dormido. Al despertarme, el desasosiego interno seguía ahí. He intentado calmarlo con una tostada con nocilla, un vaso de leche y una taza de té, pero nada ha funcionado. Se escuchaban truenos lejanos. Esperaba que fueran acercándose y que la tormenta acabara descargando con fuerza en Cicely, pero no ha habido suerte.
He intentado leer. Nada. No he pasado del segundo párrafo.
Salir a dar un paseo al mirador parecía buena idea. Algo de aire, un poco de movimiento en nuestras piernas, el paisaje. Hemos llegado allí como ancianitos con andador. Agotados, con una bajona brutal.
En el banco de la iglesia, y mientras de fondo escuchaba a los franceses que han alquilado la antigua casa del cura, me he dedicado a vigilar el vuelo de una avioneta que daba vueltas y vueltas, ganando altura, hasta que ha tomado dirección sur alejándose de mí. Me he quedado mirando ese punto alejándose hasta que he dejado de verlo. En el paseo de regreso a casa hemos vuelto a ver a los dos toros inmensos que pastan en el prado pegado a la Plaza Mayor. Nos hemos enterado de que el lunes nos cortarán el agua de 8:30 a 11:30 y nos hemos vuelto a preguntar de quién será una preciosa cabaña de piedra antigua que está abandonada.
Al llegar a casa pensaba sentarme a escribir, pero una vecina ha venido a preguntar por mí. He salido a saludarla y al final la conversación sobre libros, sobre su casa infestada de abejas durante tres años, sobre su nieta, mi madre, su hija, mis libros, las quejas del pueblo, su pareja, nos ha llevado más de media hora. Cuando se ha metido en su casa la luz había cambiado por completo.
Todo tenía un leve tono dorado, como si alguien le hubiera pasado a la realidad el filtro Tokyo de Instagram.
Ha sido un día raro. Me gusta haber sido consciente de él. No tenía otra cosa que hacer más que pasarlo.
El Cuaderno de vacaciones durará todo el mes de agosto y podrás leerlo gratis. Me gusta escribir cada día, ojalá pudiera hacerlo todo el año pero para eso estaría bien que pensaras en suscribirte. Por 40 € al año me darías tu apoyo. Me encantaría que lo hicieras y te lo agradecería infinito. Tendrías acceso a la newsletter extra del último domingo del mes, al club de escucha y al chat. Si, además, te haces miembro fundador, piénsalo ¿cuándo has sido fundador de algo?, hasta recibirás una carta manuscrita y varias tarjetas necesarias para tu vida con frases como “Me quiero ir a casa a leer” o “Desde tan abajo no explico”. ¿Cuándo fue la última vez que abriste el buzón y había una carta para ti? Piénsalo.




El filtro Tokyo (lo desconocía) q dices se llama "the golden hour" en fotografía y es la mejor hora para hace fotos...
Sobre la euforia de ayer y las chuches... no tengo ninguna duda de q toda euforia -y en particular esa- es pura bioquímica jajajaaj. Vivan las endorfinas!!!
Me encanta tu cuaderno de vacaciones.
Seguramente el dolor de cabeza tr viene de la mandíbula, no sé si padeces bruxismo, pero por experiencia propia te digo que te iría bien consultar un fisioterapeuta
A mí me ayuda mucho.Eso y mi placa de descarga para los dientes
Esta es mi recomendación para ti.Creo que después de tantas recomendaciones buenas que he recibido de ti, está bien poder recomendarte algo