Cuaderno de vacaciones. Capítulo 29
30 de agosto
Este año he hecho las vacaciones fenomenal. El año pasado ya me salieron bastante bien, pero creo que éste lo he bordado. Estoy rozando el 10. Mi excelsa actuación no tiene que ver con los lugares que he visitado, los libros que he leído, las conversaciones que he tenido, lo que he dormido, comido y descansado. Tiene que ver con el maravilloso manejo que he hecho del tiempo y la increíble capacidad que he desarrollado durante todo el mes de agosto para ir relajándome poco a poco. Lo he hecho tan bien que he llegado a la última semana con una total desorientación temporal y espacial. El martes estaba convencida de que era jueves. Miércoles, jueves y viernes fueron, para mi, tres sábados seguidos. El sábado ha sido domingo.
Sumado a esto, el viernes 1 de agosto recorrí el espacio mental que dedico a mi trabajo y fui, como se hacía antes en las casas, cerrando ventanas, bajando persianas, cubriendo los muebles con sábanas y hasta corté la luz. Ni un solo pensamiento dedicado a pensar en mi trabajo durante 31 días. MASTER AND COMANDER. Quiero mi Premio Nobel.
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Leyendo A las dos serán las tres, de Sergi Pàmies, aprendí la palabra camándula.
Por lo visto quiere decir astucia, hipocresía. No me explico que esas dos palabras sean sinónimos. Un astuto puede ser hipócrita pero yo no he conocido jamás a un hipócrita astuto. Pàmies la utiliza en una frase en la que su protagonista/alter ego da un taller de escritura y comenta que «el diálogo con los alumnos suscita elucubraciones sobre el auge del microrrelato, divagaciones técnicas y las inevitables camándulas alrededor de la autoficción»
¿Las inevitables astucias sobre la autoficción? ¿Las inevitables hipocresías sobre la autoficción?
A mí, camándula me suena a las flores naranjas que tenemos en el jardín y que son indestructibles: caléndulas y camándulas. Molaría que fueran azules. Pega que las camándulas sean fe color azul oscuro, con pétalos gruesos, aterciopelados.
Mi opinión sobre la autoficción es que es como la burrata: Buena buena y que merezca ese nombre hay muy poca. La mayoría es imitación y es puro mirarse el ombligo y buscar casito.
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