Cuaderno de vacaciones. Capítulo 24
25 de agosto
Sigue sin hacer frío por las noches en Los Molinos. Si yo fuera una negacionista del cambio climático, que no lo soy, me costaría muchísimo negar que los veranos aquí ya no son lo que eran. Durante años y años y años, en cuanto el sol pasaba al otro lado de La Peñota había que ponerse un jersey o una sudadera si querías seguir en el jardín. Era impensable que se pudiera cenar fuera más de tres o cuatro noches en todo el verano y, por supuesto, cuando era adolescente y más adelante una joven veinteañera que trataba de no perderse una noche (siempre batallando con mis padres para que me dejaran salir)1 siempre llevaba zapatillas, calcetines y, por supuesto, jersey.
Esta tarde, cuando hemos llegado de Francia, después de deshacer la maleta y ordenar todo porque soy de esas psicópatas que recoge nada más entrar por la puerta, me he sentado en el jardín a la tertulia familiar con mi madre, mi hermana, mi cuñado, mis sobrinos y todo aquel que entrara o saliera de casa. He aprovechado también para llamar a Clara que tiene tantos planes para cuando vuelva dentro de tres semanas que necesitaba consultarme cómo va a conseguir encajarlo todo y limar algunos detalles sobre la listening party que está organizando para cuando me muera. Hemos hablado de que tengo muchos cuadernos y tendrá que leerlos antes para elegir los mejores para la fiesta. Le preocupaba también que alguien que no debiera escuchar lo que yo había escrito, pretendía que le diera una lista pormenorizada detallando quién podía escuchar cada cuaderno. Le he dicho que como yo voy a estar muerta me da igual. «Claro, tiene sentido» ha dicho.
Me he bañado en la piscina y el agua estaba mucho más fría que hace diez días y mucho más que en el Atlántico ayer a la misma hora pero aún así hemos estado tirados en el jardín hasta más allá de la puesta de sol. Casi era noche cerrada al entrar en casa.
Son las once. Desde mi cama, con la ventana abierta, veo la noche negra, muy oscura. Estamos en luna nueva. Hay oscuridad y también hay mucho silencio. Es como si la gente hubiera empezado a marcharse. Sé que no es así. Aquí es todavía temporada alta, casi todas las casas siguen abiertas y si quiero encargar tortillas en la cantina tengo que llamar con tiempo. Pero entonces ¿en qué momento el 25 de agosto empezó a sentirse como el final de verano? No voy a defender el verano, ni de lejos es mi estación favorita, pero no entiendo esta prisa por quemarla. Es como si encendieras una cerilla y nada más arder la soplaras para apagarla, cuando es mucho más satisfactorio ver cómo se consume hasta el final. La gente que el 25 de agosto empieza a hablar del final del verano o del otoño es como la que el 2 de enero da por terminadas las Navidades o se pone sandalias en abril. ¿Por qué esa prisa por terminar las cosas a medio consumir?
Volviendo de Francia hemos hablado de si es posible que tus hijos te caigan mal. Yo creo que sí y que pasa más a menudo de lo que se piensa. Decir que tus padres te caen mal, que tu madre te hizo la vida imposible o que tu padre es un cabrón es algo que, por alguna razón, se entiende y se verbaliza sin mucho problema. Decir que tu hijo te hace la vida imposible y que no te cae bien está mucho peor visto. María argumentaba que si tu hijo te cae mal algo de culpa tendrás tú porque, al final y al cabo, un hijo, en parte, es fruto de la educación que sus padres le han dado. De ahí nos hemos metido a valorar cuánto de genética y cuánto de entorno hay en la construcción de la personalidad de cada uno de nosotros. Nos estábamos poniendo muy intensos así que alguien ha interrumpido el flujo existencial lanzando la siguiente duda ¿Cuánto pagarías por estar ya en casa, la maleta deshecha y la lavadora puesta? Yo he dicho que por eso no pagaría nada porque no me cuesta hacerlo y me he ofrecido a hacerle la maleta a María para su año en Alemania si me paga 50 euros. María se ha negado. No porque le parezca mucho sino porque no se fía de que se la haga bien. «Te dejaste tu libro, las plantillas y el cargador. A saber lo que me meterías en la maleta»
La quiero igual. Pero no voy a hacerle la maleta ni por 100 €.
Volviendo de Francia hemos escuchado un montón de episodios del podcast Twenty Thousand Hertz. Está dedicado a historias relacionadas con el sonido y es interesantísimo. Son episodios de media hora, muy bien construidos, con guiones estructurados y un diseño impecable. De entre todos los que hemos escuchado me ha llamado la atención uno que se llama Lofi Girl: The story behind 📚 beats to relax/study to Girl. No tenía ni idea de que era la Lofi hiphop music y he descubierto un mundo nuevo. Es mejor que escuches el episodio pero solo te diré que he escrito este texto teniendo de fondo la música de un canal de Youtube, el canal de la Lofi Girl, que por lo visto ayuda a concentrarte. Y oye, algo ha funcionado.
Podría contar historias de terror sobre los horarios que mi madre, sobre todo, mi padre pasaba, me ponía para salir por la noche. Horarios que desaparecieron cuando les tocó el turno a mis hermanos.
Aquí puedes leer todas las entradas del Cuaderno de vacaciones
El Cuaderno de vacaciones durará todo el mes de agosto y podrás leerlo gratis. Me gusta escribir cada día, ojalá pudiera hacerlo todo el año pero para eso estaría bien que pensaras en suscribirte. Por 40 € al año me darías tu apoyo. Me encantaría que lo hicieras y te lo agradecería infinito. Tendrías acceso a la newsletter extra del último domingo del mes, al club de escucha y al chat. Si, además, te haces miembro fundador, piénsalo ¿cuándo has sido fundador de algo?, hasta recibirás una carta manuscrita y varias tarjetas necesarias para tu vida con frases como “Me quiero ir a casa a leer” o “Desde tan abajo no explico”. ¿Cuándo fue la última vez que abriste el buzón y había una carta para ti? Piénsalo.




En general no entiendo esa manía de no vivir el momento y querer apresurarse para todo. Ya hay cosas de Navidad en algunos supermercados.
Yo solo tengo esta semana de vacaciones en verano y todo el mundo... Ya se acaba el verano y yo... Para mí acaba de empezar 😂
Yo estoy intentando prolongar la sensación de verano lo máximo posible, digo sensación porque estando ya de vuelta en el país plano desde hace un par de días y ayer al trabajo, me he encontrado con una diferencia de temperatura de más de veinte grados, cielos nublados y lluvia cada tanto. Aquí tenemos ya el otoño a las puertas y el comienzo de las festividades de diciembre (Sinterklaas) en los supermercados.Disfruta de tu verano!