Cuaderno de vacaciones. Capítulo 21
22 de agosto
«Mamá, estoy aquí con mi amiga M y estoy contándole que cuando tú te mueras me vas a dejar un montón de diarios muy chulos con un montón de cotilleos y salseos. Así que, cuando te mueras y herede los diarios organizaré una «listening party» en el jardín de Orbela. Me tienes que decir si hay alguien que no pueda escuchar lo que escribes o si hay alguno que yo no deba escuchar. Mi amiga M quiere saber si la vas a sacar en los diarios aunque cree que no porque dice que la odias, pero yo ya le he dicho que eso no es así, que tú odias a todo el mundo pero que no es personal. Y no te preocupes, la listening party no la haría al día siguiente de morirte, dejaría pasar unas semanas»
Para celebrar este maravilloso audio de mi hija Clara en el que se aprecia lo bien que me conoce y que mi muerte la apenará pero poco, hoy me he puesto el vestido de cuadros rojos y blancos que compré el año pasado en otro mercadillo francés y he estrenado las sandalias que me compré ayer. « Mamá, muy frenchie con tu vestido de mantel» Tengo unas hijas que no me merezco. Mi atuendo hoy conjuntaba a la perfección con la decoración de pimientos rojos de Espelette. Me encanta la crema de pimientos rojos y los pimientos rojos asados pero apenas los como porque me resultan super indigestos. Si decido comerlos a mediodía el resto del día es una tortura y si los como de noche tengo pesadillas terroríficas. En Espelette no he comido ni comprado ninguno. Nos hemos dedicado a pasear. Nos ha parecido que el pueblo tenía un parecido muy sospechoso con Asterix y Obelix. En el tebeo de Obelix y Compañía, el capitalismo transforma la aldea gala y en su calle brotan como setas las tiendas: una de menhires, una de pescado. En Espelete la secuencia es: una de pimientos, una de telas, una de especialidades de la región y así en bucle. Lo único que hemos comprado es una postal con muchos pimientos para regalar a un amigo que los odia. Sé que la apreciará. Nos ha sorprendido la iglesia del pueblo, completamente inesperada. Su interior de una sola nave tiene tres pisos de balcones de madera que se asoman a la nave. Provoca muchísima extrañeza porque parece un corral de comedias. « Bueno, aquí también interpretan una obra, ¿no?» ha dicho María.



Lo mejor del día ha sido la comida en Gaztelur, un sitio espectacular, preciosísimo y en la mejor compañía. Hemos comido quisquillas, foie, rabas, una ensalada de tomate de colores y un arroz seco con presa ibérica, garbanzos y ajetes tiernos con el que me hubiera casado. Al salir de comer había que bajar tamaño banquete (muy de la aldea gala también) y hemos paseado por Arcangues. La primera parada ha sido el frontón porque a mis compañeros de viaje es un tema que les tiene atrapadisimos. Justo enfrente de la casa que hemos alquilado hay un frontón y, cada tarde, cuando volvemos a casa los tres se quedan fascinados contemplando a los que juegan intentando desentrañar las normas y la forma de contar los puntos. En Arcangues había dos parejas mixtas con muy poca pinta de saber jugar pero que le pegaban unos zurriagazos a la bola con la pala muy espectaculares. Es verdad que también nos hemos sentado a contemplarlos porque temíamos que uno de ellos, un señor un poco más mayor vestido con un polo azul, sufriera un ataque cardíaco en cualquier momento. Su respiración acelerada y la sudada en su camiseta no eran buenas señales. No le he pasado nada... al menos mientras nosotros mirábamos.


Arcangues tiene también un cementerio precioso con unas vistas increíbles hasta los Pirineos. Me chifla pasear por campos santos bonitos. Me gusta mirar las lápidas, hacer las cuentas de la edad de los muertos, intentar adivinar si alguien los recuerda todavía. Me gustan además los cementerios franceses porque tienen esa costumbre de colocar sobre las tumbas pequeños recuerdos hacia el difunto. Algunos son cursilísimos «ya estás en la eternidad con tus seres queridos». Otros parecen un poco de compromiso, un poco de compra de última hora en la tienda de souvenirs «te recordaré”. Hay muchos profesionales que me dejan loca porque no se me ocurre nada más triste que dejar un recuerdo laboral «tus compañeros de la compañía telefónica». En Francia hay también muchos de tinte militar «tus amigos de la brigada paracaidista» o «del batallón Cincuenta». Pero si tienes paciencia y paseas con atención hay joyas «Danone eres el mejor» ¿Danone? Necesito saber el porqué de ese mote. ¿Cómo era ese hombre? Puedes encontrar incluso gente que va más allá del texto. Hoy he encontrado uno que era una foto del finado subido a su tractor con una puesta de sol detrás. ¿Tanto amaba el muerto su tractor? ¿El tractor se ha quedado triste?
En este cementerio está enterrado Luis Mariano. Desconozco la razón por la que yo sabía que Luis Mariano era un cantante antiguo. Hasta ahí llegaba mi conocimiento, el resto de mi ignorancia mi cerebro lo había rellenado pensando que Luis Mariano era un galán de origen cubano, argentino o mexicano que estaba enterrado en el País Vasco francés porque en el ocaso de su carrera se retiró a Biarritz a vivir de las rentas y allí murió prácticamente olvidado a una edad provecta. Todo mentira. Resulta que Luis Mariano era de Irún, en 1960 compró un terreno en Arcangues para construir una casa y murió en 1970 en París con 54 años. Su tumba estaba llena de flores. Por lo visto a él hay mucha gente que no le ha olvidado. Gente que sabe quién es, no como yo. 54 años, era jovencísimo.
El día lo hemos terminado en una playa viendo el atardecer. Cómo hemos llegado con tiempo me he dedicado a mirar. A la derecha teníamos un grupo de chicas jugando a la petanca con una botella y sus zapatillas. El juego no era sencillo porque las zapatillas había que lanzarlas con los pies y eso les provocaba tales risas que varias veces han estado a punto de golpearse a sí mismas o a nosotros que estábamos detrás de ellas. Había una pareja con un bebé muy pequeño y muchos surfistas en el agua. A mi me parecen siempre cucarachas flotando en el agua esperando el momento de ponerse a dos patas y hacerse notar. Hoy, además, había tantos que se me ha disparado el instinto madre y he sufrido pensando que se iban a dar unos con otros al coger las olas.
La aplicación de las puestas de sol decía que solo había un 16% de posibilidades de que la puesta de sol fuera bonita. A mi me ha parecido preciosa y, si, he vuelto a contar la historia del rayo verde y el volumen de historias ilustradas de Bruguera en la que leí ese relato por primera vez. Todavía recuerdo la viñeta con el beso de los dos enamorados perdiéndose ese rayo que tanto tiempo habían estado buscando.
He salido de casa decidida a buscar el color morado durante todo el día pero con tantos estímulos me he despistado y se me ha olvidado buscarlo. Mañana lo intentaré otra vez. Es un truco que he leído en una newsletter para intentar estar más presente en lo que te ocurre, fijarte en la realidad. No creo que yo tenga el problema de no fijarme pero me apetece perseguir un color y luego contarlo en mi diario para que mi hija Clara tenga contenido en su listening party.
Aquí puedes leer todas las entradas del Cuaderno de vacaciones
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Siempre me lo paso bien leyéndote, y casi siempre me gustan mucho tus textos, pero este me ha gustado muchíííísimo. Puede que por el plan del día que me ha parecido lo más, seguro; puede que por tu vestidazo mantelero, sin duda; puede que por la ternura, la emoción y la envidia que me ha dado leer lo de los diarios, ni qué decir tiene.
¡Cómo me gustan tus Cuadernos de Vacaciones!
Yo me apunto a la fiesta post mortem de tu hija. Tendrá que hacer una para la familiy y amigos, y otra para tus seguidores… si te sobrevivimos jajaja