Cuaderno de vacaciones. Capitulo 16
17 de agosto
Quería escribir sobre el final de Just like that... pero al ir a revisar lo que escribí hace un par de años, cuando estrenaron la serie, me doy cuenta de que ya lo dije todo por entonces. Bueno, todo no, porque cuando yo, inocente de mí, por aquel entonces creía que no podía ir a peor, la serie ha ido a mucho peor, a terrible, a horrorosa, a increíblemente mala. Pero ahí he seguido, semana tras semana, viendo cada episodio para seguir pasando bochorno y vergüenza ajena.
Las dos primeras temporadas fueron terroríficas, pero esta tercera, la última, ha sido ya un despropósito inexplicable. Desconozco si los guionistas sabían desde el primer episodio que les cancelaban y decidieron entonces que cualquier (mínimo) esfuerzo que hubieran estado haciendo hasta entonces para escribir podía reducirse aún más hasta desaparecer porque, total, ya les daba todo igual. Hasta los imagino sentados todos alrededor de la mesa diciendo: «No hay huevos a hacer que el hijo de Miranda aparezca por sorpresa diciendo que ha dejado embarazada a una chica y que cuando Mirando vaya a conocerla la chica no pare de tirarse pedos» «¿Qué no? Lo meto ya mismo y además voy a incluir una escena de sexo telefónico entre Aidan y Carrie que haga que la escena de la tarta de manzana en American Pie parezca cine de autor francés» «Jajajaja. Venga. Yo os gano a todos. Vamos a hacer que la mega pija dueña de una inmobiliaria se enamore de un jardinero hippy y que éste, después de follar en su casa, le cuente que su madre murió hace mucho pero que sigue con él en forma de poto que crece por toda la cocina. Y, y, y… No solo eso: Ella sin querer, mientras fuma, tira la maceta de la madre-poto por la ventana y “remata” a la madre» «Sois unos aficionados. Fijaos en mí. Me toca escribir el último episodio y voy a meter a tres personajes que nunca haya visto nadie en la cena de acción de gracias, voy a hacer que uno cague muchísimo en el váter de Miranda y luego el váter se desborde, se vean los chorizos en pantalla flotando y Miranda se arrodille a fregarlos. ¡En el episodio final de una serie icónica!»
Y todos: «¡Eres el puto amo!»
Con todo, los detalles ridículos, las tramas sin cerrar, las historias que empezaban y no terminaban, las situaciones absurdas sucediéndose una tras otra, las conversaciones grotescas, los looks estrafalarios, todo eso no es lo peor. Todo eso casi da igual. Mi reflexión no va por ahí.
Cuando vi la serie original, Sexo en Nueva York, yo tenía treinta y poco y dos niñas. No me parecía a las protagonistas y sabía (porque tengo criterio y sé que la ficción es ficción, al contrario que mucha gente por ahí) que lo que contaban era irreal. Aún así, veía la serie con una cierta sensación aspiracional, un leve sentimiento de «joder, molaría vivir ahí, escribir una columnita y dedicarme a salir con mis amigas en vez de estar casada, tener dos hijas y un trabajo burocrático». No voy a decir que quisiera ser ellas, pero me parecía entretenido jugar a imaginarme en una vida así. No iba a pasar, pero era divertido suspender mi sentido de la realidad y pensar en eso.
En este esperpento ese sentimiento aspiracional ha desaparecido por completo. Se ha esfumado tanto que se ha convertido en lo contrario. Veo mi vida, las veo a ellas y pienso: madre mía, si estos personajes tuvieran cerebro envidiarían mi vida, querrían ser yo.
Son las seis de la tarde, escribo desde el porche mientras una tormenta muy rara, de viento huracanado y muy poca lluvia, cruza el jardín. Antes de esto, me he echado una siesta regulera, he estado leyendo y previamente hemos tenido una comida familiar de reencuentro. En un rato, tan pronto como acabe este texto, me levantaré y empezaré a preparar el equipaje para el viaje de mañana. No llevaré tacones, ni sombreros, ni varios bolsos. Una mochila, libros, el ordenador para escribir este cuaderno, ropa de ser feliz incluído mi chubasquero verde, mi amigo Juan, mi hija María y su novia.Ese es el plan. Un plan realista de señora de 52 años, divorciada, con un trabajo normal y dos hijas.
A lo mejor lo que le ha faltado a Just like that… son guionistas que supieran de lo que hablaban: señoras de más de cincuenta. Le ha faltado a la serie y falta en casi todo. No sé si porque a nadie le interesa lo que tengan, tengamos que decir o porque nos hemos cansado de hablar (como conté hace unos días por aquí) y pensamos ¿para qué? Pues a lo mejor deberíamos hablar a gritos para que, por lo menos, no nos destrocen una serie con la que solo queríamos entretenernos.
Aquí puedes leer todas las entradas del Cuaderno de vacaciones
El Cuaderno de vacaciones durará todo el mes de agosto y podrás leerlo gratis. Me gusta escribir cada día, ojalá pudiera hacerlo todo el año pero para eso estaría bien que pensaras en suscribirte. Por 40 € al año me darías tu apoyo. Me encantaría que lo hicieras y te lo agradecería infinito. Tendrías acceso a la newsletter extra del último domingo del mes, al club de escucha y al chat. Si, además, te haces miembro fundador, piénsalo ¿cuándo has sido fundador de algo?, hasta recibirás una carta manuscrita y varias tarjetas necesarias para tu vida con frases como “Me quiero ir a casa a leer” o “Desde tan abajo no explico”. ¿Cuándo fue la última vez que abriste el buzón y había una carta para ti? Piénsalo.



Pasa mucho (creo que últimamente pero igual ha sido siempre) esto de no preguntarles a los expertos en la materia sobre cómo hacer las cosas, igual lo de no preguntarle a las mujeres de más de 50 sobre qué contar en una serie de mujeres de más de 50 es un reflejo de la sociedad y total da igual porque aún así la vemos y pasamos verguenza ajena (las de 50, claro)
Me ha encantado lo de “ropa de ser feliz” 😊