Cuaderno de semana santa. Si ayer era lunes, hoy será martes ¿no?

Me siento a escribir estas líneas a las nueve de la noche. Hace un momento he salido a recoger la colada tendida en el jardín y me ha sorprendido que, en vez de la negrura habitual de la semana pasada, todavía había algo de luminosidad. He pensado que aún estamos en marzo. Siempre me cuesta imaginar esas noches eternas de verano en las que la luz no se acaba nunca. Estoy agotada.
Esta casa era piedra, madera y teja y yo he tratado de mantener lo máximo posible. Sigue siendo piedra, madera y teja. Las vigas que soportaban el tejado no nos daban mucha seguridad, pero eran buenas vigas de madera, largas y resistentes, así que cuando las cambiamos al principio de la obra, le dije al constructor que no se las llevara, que me las quedaba. Ya vería que hacía con ellas. Quizás un porche, quizás una pérgola, quizás un pavimento en alguna parte del jardín. Durante varios meses estuvieron en el jardín, tapadas con un plástico, protegidas de la lluvia, la nieve y el frío hasta que las pude poner a cubierto. En el proyecto, al final de la escalera, había prevista una librería desde el suelo hasta el techo. Quería algo muy limpio, muy sencillo, una librería para libros. Baldas de madera fuertes y resistentes. El día que vino el carpintero a ver la obra se me encendió una luz, le llevé hasta el montón de vigas y le dije: ¿Podrías hacerme las baldas de la estantería con estas vigas? Sé que puede parecer una pregunta muy tonta, pero es que mi nivel de incompetencia con respecto a los trabajos manuales es tal que cualquier cosa me parece complicadísima y magia. El carpintero me miró como si le hubiera preguntado de qué color es el cielo y me dijo: Por supuesto.
Las colocaron el viernes: preciosas vigas antiguas, con las marcas de los clavos que estuvieron sujetándolas durante casi ochenta años, con sus cantos gastados y recién lijadas para que tengan un tacto suave pero sin pasarse. Son preciosas. Preciosas. Seis baldas de madera de siete centímetros de grosor habilitando huecos de 33 centímetros para mis libros. Me pasé el fin de semana asomándome a la escalera solo para admirarla, para contemplarla desnuda, vacía de libros. Quería dejarla así y al mismo tiempo empezar a abrir cajas y llenarla, vestirla, ocuparla con los libros acumulados durante toda mi vida.
Mi agotamiento viene de haber pasado el día abriendo las veintitrés cajas de libros que tenía acumuladas. Abrir y abrir y abrir y reencontrarme con todos ellos. Empezar a organizarlos alfabéticamente nos ha llevado un buen rato. Decidir si empezábamos con la A por arriba del todo o si encajábamos en la balda superior los tebeos nos ha llevado un rato. Subir y bajar la escalera, quitarles el polvo, arrancarles las fajas, ordenarlos. Terminar con la A, la B y la C y descubrir al abrir otra caja que me faltaban por ordenar Bolaños, Austers y Capotes. Vuelta a mover la balda, a reordenar. En un momento de optimismo hemos pensado que en esa librería cabría hasta la M... Al final del día hemos conseguido que entrara hasta un poco más de la mitad de la L. El resto se han quedado ordenados en cajas. Es increíble lo llena que está la caja de la S y la de la R y la cantidad de Fords que he ido acumulando a lo largo de los años. Algunos se han librado del orden alfabético y los he colocado en el cabecero de obra de mi cama. Son los que no he leído aún, los que tengo pendientes. Necesito tenerlos cerca, sentir su mirada, a ratos acusadora («¿Te parece bonito seguir comprando libros cuando yo llevo cuatro años esperando a que te dignes a mirarme? ¿Acaso no te acuerdas de la ilusión con la que me compraste?») y a ratos suplicante («Por favor, por favor, elígeme a mí. Te prometo que te voy a encantar, que cada día, cada hora que no pasemos juntos estarás pensando en llegar a casa, cogerme y ponerte a leer»). Los tebeos han encontrado su lugar bajo la estantería, entre el suelo y la primera balda. Así, según subes las escaleras ves a Mafalda, a Superlópez, Maus, From Hell, Fun House, Blankets o Lo que más me gustan son los monstruos. Tengo que pensar dónde colocar mis libros de Arte, todos los que tengo dedicados a Bruce, mi colección de Celia, los Astérix. Y, también, si repaso las estanterías ya ordenadas para escoger a unos cuantos elegidos, a los más queridos, para llevarlos a la estantería de mi estudio, para tenerlos a la vista siempre. Ahí estaría casi todo Steinbeck; y Todo cuanto amé, de Siri Hustvet; y El último encuentro, de Sandor Marai; y varios de Amos Oz; y puede que algún Vásquez, algún Guerriero, por supuesto algún Auster, varios Highsmith, ¡Los Cazalet!... Y Barea, Pinilla, La lluvia amarilla de Llamazares y media docena de Delibes.
Recorrer toda mi vida en libros ha sido divertido, emocionante, agotador y sorprendente. He recuperado recuerdos, enamoramientos y me han entrado ganas de releer muchos de ellos. De otros me he despedido. He llenado una caja con libros que ya leí y que sé que no volveré a releer, con libros que alguien me regaló con muy buena intención pero que no tiene sentido seguir guardando, con libros que me compré de adolescente para descubrir el mundo y que ahora sé que ya no me descubrirían nada. De estos últimos ha sido raro desprenderse, ha sido como si cortara amarras con mi yo de veinte años que husmeaba en la Cuesta de Moyano buscando libros de Anaïs Nin, sin saber muy bien quién era ella, pero con curiosidad por saber qué relación había tenido con Henry Miller, al que había descubierto poco antes y me había deslumbrado. ¿Le he dicho adiós a Miller? No, no puedo. Su correspondencia con Lawrence Durrell es uno de mis libros favoritos, uno que también me gusta tener siempre a la vista, y por eso sus títulos se quedan conmigo aunque sepa que no los voy a volver a tocar.
No he salido de casa pero revolcarme en mis libros ha sido todo un viaje. Ahora mismo son casi las once de la noche y, con el ordenador en las rodillas, los pies encima de la mesa y el viento aullando fuera, tengo ese cansancio que cubre el cuerpo al final de un día aprovechado de turismo en una ciudad extranjera.
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Uy… he venido a escribirte que necesito ver esa estantería y ya la han visto???😞voy a buscarla…. Si no la has publicado acuérdate de mí… necesito verla 🙏🏻que bonito el post❤️
¡Qué bonito!