Cuaderno de Semana Santa. Jueves seguro.
Nosotros y nuestros padres
He vuelto a escuchar Call Your Parents, el episodio de This American Life en el que Ira Glass desnuda la relación que tuvo con sus padres. Cuenta en el episodio que el vínculo con sus progenitores nunca fue muy estrecho. Explica que cuando empezó a hacer This American Life tenía 36 años y estaba bastante distanciado de sus padres, a los que no les parecía bien que trabajara en la radio pública ni que ganara tan poco dinero. A Ira no le gustaban algunas de las decisiones vitales de sus padres y tampoco tenía paciencia para el desprecio de ellos hacia su vida. No discutían, pero podían pasar meses sin hablar. Entonces empezó el programa y les hizo participar en algunos de los episodios, los usaba como testimonios, grababan las conversaciones y fue así, a través de su programa, como esa relación cambió.
No nos paramos a pensarlo, pero la condición de «hijo» no es absoluta. Tampoco es absoluta ni inmutable ni eterna la relación que establecemos con nuestros padres. No siempre somos hijos de la misma manera, no lo sentimos igual y nuestra visión y percepción sobre nuestros padres cambia poco a poco, a veces imperceptiblemente y otras con una brusquedad que nos corta el aliento.
Durante una serie de años nuestros padres son «papá y mamá», ni siquiera tienen nombres, no existen fuera de su relación con nosotros, hasta que un día todo cambia.
«Yo tendría siete o nueve años. Pero cuando dije mi nombre – Richard Ford – exclamó: “Ah sí, tu madre es esa señora de pelo negro, bajita, mona, que vive más arriba de esta calle.” Aquello me afectó y me afecta todavía. Creo que fue la primera imagen que tuve de mi madre como de otra persona, como alguien a quien los otros veían y describían: una mujer mona, no. (…) Sin embargo, recuerdo aquello como un momento significativo de mi vida. Breve pero importante (…) Desde entonces creo que nunca pensé en ella de otro modo, como Edna Ford, una persona que era mi madre y que también era alguien más».
Richard Ford: Mi madre.
Una vez que asimilas que tus padres, además de ser tus padres, tienen una vida, unas inquietudes más allá de ti, que tienen un pasado en el que tú no existías, una vida en la que no contaban contigo, comprendes que a pesar de ser las personas que mejor te conocen y las que más te querrán en tu vida, jamás las conocerás del todo. Son igual de inabarcables que el resto de la gente, igual que tú.
«Fue uno de esos momentos en que los padres te sorprenden, no porque hayas aprendido algo nuevo sobre ellos, sino porque has descubierto otra zona de ignorancia».
Julian Barnes: Nada que temer.
Más adelante en la vida, y dependiendo de las circunstancias de cada uno, llega el momento en que el anclaje de tu existencia cambia. Hasta ese día, ese preciso momento, tus padres son el punto de retorno, el sitio seguro al que volver, el centro del que te alejas pero al que sabes que siempre puedes volver, el punto inamovible y fuertemente fijado. A partir de ese día navegas solo sabiendo que ahora eres tú el anclaje de tus padres. Es un cambio de perspectiva vital muy drástico, que provoca mucho vértigo y que es difícil de encajar.
«Recibí una carta de mi madre. Ella también estaba asustada y no sabía cómo ayudarme. Por primera vez en mi vida pensé que para mí no había protección posible, que debía arreglármelas sola. Comprendí que en el afecto que sentía hacia mi madre siempre había tenido la sensación de que ella me protegería y me defendería en las desgracias. Pero ahora solo me quedaba el afecto; toda petición y espera de protección habían desaparecido; y pensaba que en el futuro debería ser yo quien la defendiera y la protegiera, porque mi madre ya era muy mayor, le faltaba el ánimo y estaba indefensa».
Natalia Ginzburg: Léxico familiar.
Cuando descubres que tus padres son vulnerables y que tú debes ser su soporte, descubres algo mucho más terrorífico: que tienes capacidad para hacerles daño, que tus actos pueden dolerles y que esos actos pueden ser involuntarios o voluntarios, que puedes ser cruel a propósito y que no por ser tus padres están a salvo de sentirse heridos.
«El momento en que reconoces por primera vez que tu padre es vulnerable al prójimo es bastante duro, pero cuando comprendes que es vulnerable a ti, que aún te necesita más de lo que tú ya no crees necesitarle a él, cuando comprendes que podrías asustarle, incluso dominarle si lo desearas… En fin, es una idea tan contrapuesta a las inclinaciones filiales corrientes que parece no tener sentido».
Philip Roth: Me casé con un comunista.
Cuando tienes hijos, una nueva luz ilumina a tus padres. De golpe un millón de cosas que jamás te habías parado a contemplar porque ni siquiera las habías visto, se hacen visibles a la luz de tu paternidad. Sientes entonces una mezcla de gratitud y admiración por tus padres que a duras penas puedes expresar. Sólo esperas que en algún momento los momentos de incomprensión con tus propios hijos lleguen a iluminarse igual para ellos.
«No hacen falta muchos años de paternidad para creer que por fin has comprendido a tus propios padres, y yo he llegado a ese punto con los míos hace mucho. Como la mayoría, me he vuelto más agradecido por cuanto me dieron y siento más respeto por el admirable valor que debieron de necesitar para verme marchar, en mi caso, a una vida totalmente distinta a la nuestra».
América, América. Ethan Canin
Todos sabemos o pensamos o esperamos que nuestros padres mueran antes que nosotros; absurdamente creemos que al ser ley de vida estaremos preparados y lo que ocurre es que su muerte nos quita de un plumazo toda la madurez acumulada en esa relación y durante un tiempo, durante el tiempo «en un submarino» que dura el luto, volvemos a ser los niños que fuimos y nos sentimos desamparados.
«La muerte de nuestros padres, a pesar de lo preparados que estemos, a pesar de la edad que tengamos, remueve cosas muy profundas, provoca reacciones que nos sorprenden y puede liberar recuerdos y sentimientos que habíamos creído enterrados hace mucho tiempo. En ese periodo indefinido que llamamos duelo, podríamos estar en un submarino, silencioso en el fondo del océano, conscientes de las cargas de profundidad, tan pronto cerca como lejos, golpeándonos con recuerdos».
Joan Didion: El año del pensamiento mágico.
Y aunque no sabemos cuándo será, cuál será ese último momento con ellos, lo recordaremos siempre. La última vez, la última palabra, el último gesto.
“‘Good bye Daddy’ I said, and I went down the stairs and got my train, and that was the last time I saw my father”.
John Cheever: Reunión.
La relación con nuestros padres parece ir a alguna parte, creemos que alguna vez llegaremos a donde están ellos, seremos como ellos, sabremos lo que ellos saben, seremos como ellos… pero no.
«Quizá sea algo característico de la relación con nuestros padres: la sensación de que se debería alcanzar alguna meta, luego la constatación de lo que inevitablemente es esa meta, para volver a centrar la atención en el aquí y ahora. A lo que está sólo aquí».
Richard Ford: Mi madre.
Siempre me rechina cuando alguien no tiene más que alabanzas hacia sus progenitores, juntos o por separado, cuando alguien define a su madre como perfecta o a su padre como un ser maravilloso. Sin grises, sin tensiones, sin dudas, sin fisuras. Por eso me ha gustado tanto el episodio confesión de Ira Glass, porque se asoma a todas esas tensiones y contradicción. Creo que una buena relación con tus padres debe atravesar varias etapas y hay que ser consciente de ellas. No es un viaje lineal ni siempre placentero, pero creo que se crece como persona, como hijo y como madre o padre (si decides tener hijos), si miras de frente a esa relación sin acorazarte en la supuesta perfección de tus progenitores.
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Es un temazo que está agazapado en nuestra mente y que a veces no quieres pensar conscientemente porque da zarpazos. También alegrías, agradecimiento y comprensión hacia ellos. No sé si a todo el mundo pero todas estas cosas juntas me pasan a mí. No me creo a quien no tenga grises. A lo que escribes le falta alguna fuente de origen más o menos científico (algunos estudios en psicología, por ejemplo) para que sea el embrión de un ensayo de relaciones de padres e hijos ;)
Muchas gracias por compartir. Hace no mucho leí Las hijas horribles de Blanca Lacasa y también miraba la relación madre - hija intentando desmontar la idealización de cómo debería ser